Desarrollo Sostenible

Residuos Nucleares. Y ahora, ¿qué?


Toda acción tiene un impacto en su entorno, y esto es también aplicable al mundo de la tecnología. Cuando decidimos ir en coche al trabajo en lugar de utilizar transporte público o la bicicleta, estamos escogiendo una opción mucho más cómoda pero también más contaminante. En ese caso tenemos elección, y ya está en cada cual decidir hasta qué punto quiere contribuir a la aparición de esmog en nuestras ciudades.

A diferencia del ámbito del transporte, en el que siempre hay opciones a elegir según conveniencia, en el ámbito de la energía es necesario que el sistema eléctrico se nutra de diversos tipos de fuentes de generación, entre los que están las energías renovables, la energía nuclear, y la energía basada en la quema de combustibles fósiles. Si queremos reducir la emisión de CO2 a la atmósfera, manteniendo un sistema eléctrico estable, es necesario mantener activas las polémicas centrales nucleares que, como venimos hablando, aun siendo necesarias también tienen su impacto.

El problema de los residuos

Uno de los aspectos más delicados de la actividad nuclear es la generación de residuos radiactivos procedentes del proceso de fisión nuclear. Sin embargo, la gestión de estos residuos es muy estricta. El Organismo Internacional de Energía Atómica expresa claramente en sus Principios Fundamentales de Seguridad que “deben protegerse contra los riesgos asociados a las radiaciones las persones y el medio ambiente del presente y del futuro”, y la gestión de residuos en España y el resto de países se rigen por esa máxima.

Residuos radiactivos

Los problemas principales que origina en primer lugar el combustible nuclear gastado son su elevada temperatura y la alta radiactividad que emiten. Por eso es necesario en una primera etapa de tratamiento hacer un almacenamiento temporal donde se refrigeren los residuos y se aíslen para poder proporcionar la protección radiológica necesaria. Este tratamiento variará en función del grado de actividad de los residuos.

Gestionando los residuos de baja y media actividad

En España fundamentalmente (en una cantidad de aproximadamente el 95%) generamos residuos de baja y media actividad, que provienen algunos de la actividad nuclear, pero también muchos se generan en hospitales, centros de investigación o ciertas actividades industriales. Su gestión comienza en la propia central nuclear con su acondicionamiento para el traslado al Centro de Almacenamiento de El Cabril, en Córdoba. Para almacenar adecuadamente los residuos radiactivos, se interponen barreras naturales y de ingeniería, de forma que se aíslen completamente los materiales contaminados durante el tiempo que necesiten para que desaparezca su actividad contaminante.

En el caso de los residuos de baja y media actividad, en los que su actividad radiactiva remite hasta la mitad en apenas 30 años, no se requieren tratamientos tan complejos como los que veremos para los residuos de alta actividad, pero igualmente en el transporte de los restos contaminados desde las centrales nucleares españolas hasta el almacén de El Cabril se toman las medidas de seguridad necesarias para garantizar unas condiciones máximas de protección para las personas y para el medio ambiente.

Gestionando los residuos de alta actividad

Los residuos de alta actividad, por otra parte, tienen una gestión ligeramente diferente a falta de disponer en España de un almacén temporal centralizado para su almacenamiento y tratamiento. En su defecto, las centrales nucleares de Trillo, José Cabrera y desde hace apenas dos años Ascó, cuentan con Almacenes Temporales Individualizados.

Cuando obtenemos el combustible irradiado tras el proceso de fisión nuclear, se deposita en una fase inicial en las piscinas de desactivación para su refrigeración, en las que además el agua evita la propagación de la radiación. Una vez han pasado unos años, se estudiará si el combustible puede someterse a un reproceso con el que aprovechar parte para su reintroducción en los procesos de fisión nuclear. La parte no aprovechable se considerará residuo radiactivo, y se almacena en seco en el Almacén Temporal Individualizado de la central en la que es generado, donde se encuentra en una atmósfera de gas inerte y en contenedores de hormigón. Además, actualmente España deposita de forma temporal parte de sus residuos de alta actividad en almacenes de Francia y Reino Unido.

Piscinas de Vandellós II

Desde el año 2009 se propuso la construcción del primer Almacén Temporal Centralizado español para residuos de alta actividad, y tras las diversas fases que ha atravesado este proyecto se prevé que esté finalizada su construcción para el año 2016. Se ubicará en la población de Villar de Cañas, en Cuenca. Con este almacén, España podrá recuperar los residuos almacenados en el extranjero y ahorrar así los costes de mantenimiento que esto supone, pero además de eso podrá centralizar la gestión y el almacenamiento de todos los residuos de nuestras centrales nucleares. Así, se ahorrarán costes en comparación con el sistema actual de almacenamiento individualizado.

El fin de esta historia: el almacenamiento bajo tierra

Hasta ahora, hemos hablado siempre del proceso de almacenamiento temporal. Y después, ¿qué? ¿Cómo se plantea el almacenamiento definitivo de los residuos radiactivos?

El objetivo fundamental del almacenamiento definitivo, siendo coherentes con el planteamiento hecho desde el comienzo, es que mediante la combinación de barreras tecnológicas y naturales seamos capaces de proteger completamente a las generaciones actuales y futuras de las dosis radiactivas de estos residuos.

Actualmente, esta solución pasa por el confinamiento de los residuos en barriles de hormigón y, tras haber pasado años en los almacenes temporales recibiendo tratamientos de descontaminación, se almacenan en depósitos a gran profundidad. A este proceso se le llama “almacenamiento geológico profundo”, y la profundidad a la que se depositarán los residuos va a depender del tipo de roca ante el que nos encontremos. En cualquier caso, siempre se asegurará que esta barrera natural sea suficiente para garantizar una adecuada protección radiológica.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

El boom científico y tecnológico que nuestra sociedad ha experimentado y propiciado durante los últimos siglos nos ha permitido llegar a un nivel de desarrollo y bienestar nunca antes imaginado, y que continúa creciendo incansablemente. Es muy importante no solo ver la cara más bonita de la moneda, sino también echar un vistazo al otro lado y ser conscientes de que esto genera un gran impacto ambiental que se debe gestionar de la forma más adecuada posible.

Central Nuclear de Ascó

Toda acción tiene un impacto en su entorno, comenzamos diciendo, y es necesario trabajar en minimizar ese impacto garantizando un término medio entre lo que la sociedad exige de la tecnología y lo que técnicamente es posible hacer. El ser humano se encuentra en una carrera consigo mismo, en la que el desarrollo de tecnologías cada vez más sostenibles debe aumentar su rapidez frente a un aumento exponencial de la población, el consumo y, por tanto, la contaminación.

** Este artículo ha sido elaborado para la Revista CoolScience, de mediazines, y se publicó en ella el pasado mes de mayo de 2015.

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